Está aumentando el dolor, ¿qué quiere decir esto?

“Me preocupa que mi hijo tenga más dolor y que esto signifique que está empeorando.”

No importa la edad de tu hijo, cuando tiene dolor, tú también lo sientes. Independientemente del diagnóstico, probablemente habrá momentos de incomodidad y de dolor provocados por la enfermedad o por el tratamiento cuya intención es mejor su situación. Pero cuando tu hijo sufre, tú también sufres con él y por él. Por eso es importante que sepas identificar el dolor de tu hijo, que aprendas qué puedes hacer para ayudarle y qué puedes esperar del equipo médico acerca del manejo del dolor. Es importante, además, que sepas que tu hijo tiene derecho a estar libre de dolor, a estar libre de sufrimiento que se puede evitar y de que –a lo largo del proceso de la enfermedad—se satisfagan sus necesidades para estar cómodo.

A menudo, sobre todo cuando estás en casa con tu hijo, pero también cuando vives lejos, o incluso dentro del hospital, eres los ojos, los oídos y las manos del médico. Tú eres quien mejor conoce a tu hijo, y puedes notar cualquier cambio sutil, sus gestos que denotan sufrimiento, y cualquier señal de incomodidad y dolor. Por lo tanto, seguramente tu serás la primera persona en reconocer el dolor o los cambios en como tu hijo siente el dolor para poder activar la ayuda adecuada. Hay lineamientos que pueden ayudarte a “traducir” las señales de dolor que observes en tu hijo y comunicarlas al equipo de salud.

Seguramente te angustias cuando ves cambios o cuando ves que se incrementa el sufrimiento de tu hijo y también es difícil para él. Probablemente te preocupes y te cuestiones internamente si esto significa que está empeorando o que las cosas no van tan bien como lo esperabas. ¿Qué significa todo esto? Pueden ser varias cosas.

Dependiendo del medicamento que está recibiendo, puede ser hora de llevar a cabo uno de los siguientes cambios:

  • Incrementar la dosis.
  • Tal vez haya estado tomando el medicamento según fuera requerido y sea el momento de tomarlo regularmente para disminuir su cuota de dolor y preparase para momentos más difíciles.
  • Cambiar el medicamento por otro de mayor potencia.
  • Cambiar la medicina por un medicamento que esté más acorde con el cambio en el esquema de dolor.
  • Necesitan determinar si hubo un cambio en la condición de tu hijo que pueda provocar un aumento del dolor, como edema o presión [Liz escribió “por algo que creció” –¿quiere decir un tumor?]

Es importante que siempre avises al médico tratante, o al equipo médico si logras identificar algún cambio, para que puedan revisar al niño y revalorar el tratamiento si es el caso. Necesitas ponerlos al tanto de los cambios que hayas notado, así como de los cambios sutiles que no puedes explicar del todo. Puedes preguntar qué indican estos cambios o síntomas, y qué se puede hacer para que se esclarezcan tus dudas. ¿Se necesitan análisis o estudios para confirmar o aclarar lo que está pasando?
Qué hacer durante análisis o estudios dolorosos?

Algunos de los estudios o análisis que tu hijo requiera van a ser dolorosos. Para que los médicos puedan comprender los cambios en la situación de tu hijo, necesitan llevar a cabo procedimientos extras, que pueden resultar dolorosos. Cualquier medida conocida que haya dado resultado en el pasado es una manera eficaz para relajar y tranquilizar a tu hijo. Tu misma presencia puede ser una “medicina eficiente” para reducir el dolor y la ansiedad durante los análisis o los procedimientos. Puedes preparar a tu hijo diciéndole que lo vas a acompañar durante los análisis y procedimientos y juntos pueden crear modos para que se sienta mejor, como rituales, canciones o abrazos. También puede ser útil que hablen acerca de lo que va a pasar durante el análisis, por ejemplo: qué va a pasar y en qué orden.

Algunas sugerencias útiles:

  • Asegúrate de preguntar de antemano si hay algo que le puedan dar a tu hijo para prevenir o aminorar el dolor durante procedimientos que se sabe serán dolorosos.
  • Comparte con las cuidadoras todo aquello que les pueda ayudar a mantener cómodo a tu hijo durante tu ausencia, y que les permita que sea consistente con lo que él espera.
  • Cuando tu hijo tenga dolor fuerte, trata de distraerlo. Una manera es que tu hijo imagine o piense en un lugar especial donde se pueda relajar. Utilicen todos los sentidos al imaginarlo.
  • Usa cuentos o libros para distraer a tu hijo y mantenerlo con la mente ocupada. Dile que traiga uno de sus libros favoritos de casa, o varios si va a estar hospitalizado.
  • Le puede ayudar tener un objeto familiar para tener consigo durante los procedimientos, como una muñeca, un oso de peluche, otro animal de juguete o un aparato portátil reproductor de música con audífonos con su música favorita, o con cuentos.
  • Tu voz es algo que puede calmar a tu hijo. Si no puedes acompañarlo, tal vez puedas grabarle algo para que escuche con sus audífonos y su aparato reproductor. Puedes leer y grabar un libro, o compartir tus recuerdos o grabar su ritual para dormir.
  • Es importante que mantengas una actitud positiva para con relación a tu hijo. Ofrécele palabras y estímulos positivos a pesar de los retos que estés sintiendo.
  • Escuchen CD’s o cassettes que tengan grabada música relajante, o sonidos naturales relajantes [como el mar o lluvia]; o una combinación de ambos.
  • Una toallita húmeda puede ser milagrosa cuando la pones en la frente de tu hijo, sobre sus ojos o en algún lugar donde sienta dolor.
  • Masaje suave, caricias, apapachos.
  • Tómalo de la mano con suavidad.
  • Dile a tu hijo que esto pasará y que pronto terminará este episodio.
  • Le ayudarás a tu hijo a ser valiente y a no tener miedo del medicamento si tú no muestras tu temor.
  • Si tu hijo está hospitalizado, solicita que tenga una “espacio seguro,” esto es una zona donde no se le aplique ningún tratamiento doloroso, ni se le hagan exámenes. Tu hijo necesita tener un espacio que no asocie con miedo o con dolor.

    Tu bebé, o tu niño tienen dolor.

    A esta edad puedes darte cuenta de que tu hijo ya no se calma con métodos que antes eran eficaces. Es más, ahora se lleva más tiempo y más esfuerzo tranquilizarlo. Puede que necesites aumentar tus técnicas relajantes tomando en cuenta lo que funcionó con anterioridad. A veces los niños tienen regresiones y les da seguridad algo que recientemente descartaron. Puede que tu hijo esté más chípil que antes, más dependiente o que necesite de tu presencia o atención para sentirse seguro. Los cambios a nivel físico pueden hacerlo sentir inseguro e intranquilo. Procura mantener su nivel de comodidad previniendo, en la medida de lo posible, el dolor anticipado durante los procedimientos y los análisis. Trata de preparar a tu hijo de antemano ante procedimientos que lo puedan espantar y procura calmarlo. Tener información al respecto puede ayudar a que se sienta con algo de poder y pueden darle una medida de control antes y durante los procedimientos. Incluso puede ayudar que mantengas contacto visual con él, le aprietes la manita o que tenga a mano su animal de peluche favorito. Incluimos más sugerencias en párrafos anteriores.

    El dolor en un niño que tiene entre los 5 y los 12 años.

    Es probable que tu hijo quiera ser valiente y pueda entender que hay cosas que puede hacer para aminorar el dolor. Probablemente pueda comprender la relación que hay entre el proceso de la enfermedad y el dolor cuando se le da información acerca de sus procesos corporales. Puede sacar provecho de algunas técnicas y sentir que tiene algo de control sobre el dolor y su cuerpo. Puede que no quiera que te des cuenta de que está asustado o preocupado y de que todavía necesita tu presencia. Es importante que le digas a tu hijo que no está solo, que está en buenas manos y de que le ayudarás a que se sienta mejor y a que obtenga lo que necesita para que esté cómodo. Es importante que sepa que esto pasará y de que va a salir de este episodio.

    El dolor y tu adolescente.

    Los adolescentes no son muy comunicativos acerca de cómo se sienten; tal vez la mejor estrategia sea darles varias opciones para que elijan y se sientan menos vulnerables de esa manera. Si se le dan explicaciones apropiadas a su edad, podrá entender las fluctuaciones en el manejo del dolor. Puede requerir mayor privacía, y probablemente quiera ser incluido en las discusiones con el equipo de salud. Esto le llevará a entender los procedimientos, qué son y para qué se necesitan. Si aprende ejercicios de relajación y de respiración, puede usarlos a solas cuando esté preocupado o sintiéndose ansioso. Dale la oportunidad de expresar su opinión y de que describa lo que está sintiendo tanto a nivel físico como emocional. Es importante que sepa cuales son los efectos secundarios de cualquier medicamento nuevo o de cualquier cambio en su situación, por ejemplo, tener más sueño, o estar estreñido. Esto le ayudará a sentirse más informado y a manejar mejor el dolor y los síntomas.

    Este artículo fue contribuido por Liz Summer. RN, BSN, a través de Hospice para Niños y de la Coalición para Cuidados Paliativos, www.ChildrensHospice.org

    Traducido por Patzia González-Baz